Todo por amor

Él se enamoró de sus flores y no de sus raíces, y en otoño no supo qué hacer.

El principito

 

Durante gran parte de mi vida he creído que el amor era lo único que podía hacernos feliz. En la relación con el otro podemos ser más libres, fuertes, auténticos y capaces.

El amor ha sido durante una época de mi vida una fuente de inspiración para soñar con un yo ideal que es descubierto por alguien que tiene el poder de mirar más allá y sanar mis heridas.  Pensaba que por amor nos uníamos a otros y que por amor éramos capaces de todo.

En estos últimos tres años he descubierto un amor distinto en mi relación de pareja y en el despertar de un amor maternal con Noa.  En estos últimos seis meses he amado intensamente sintiendo el dolor de la pérdida.

En mi dolor he descubierto el dolor de otros. En algunos casos, el dolor compartido me ha aproximado más a algunas personas, en otros casos se ha creado una distancia insalvable en la que la lógica de cada postura hace imposible un encuentro.

Durante este tiempo me he centrado en el contenido del dolor y no en la manera en la que cada uno es capaz de afrontar la pérdida.

Ayer, por primera vez, pensé que lo importante no es el contenido, la argumentación que te hace poseedor de la razón y que parece nos lleva a competir por el amor de quien ya no está.

¿Es posible hablar de amor cuando en nuestro vocabulario empleamos términos como  lealtad, traición, propiedad?

Me siento libre de este tipo de amor en el que creo que alguien me pertenece, en el que yo creo que amo más, que yo soy más amada.

El amor que trasciende, en el que el dolor tiene su razón de ser porque nos permite aprender y entender el legado, es aquel en el que la verdad está por encima de cualquier cosa. Esa verdad que habla de lo más profundo de ti, que te muestra el camino para madurar y para comprender que el amor significa renunciar a cualquier lucha que nos separe de entender al otro, la otra orilla.

Anoche, gracias a la carta de una persona importante, entendí que la búsqueda de amor guía nuestro camino. En parte de nuestro camino vivimos la carencia por aquello a lo que tuvimos que renunciar en la infancia y por lo que nos sentimos sedientos de amor. Durante otra parte de la vida tenemos que construirnos más allá de nuestros padres y entender que ellos nos lo han dado todo para sentirnos completos.

Son nuestras elecciones las que determinarán nuestra capacidad para ir un paso más allá e integrar todo lo que nos han legado en algo que pueda ser bello, honesto y nos haga libres.

La transformación personal solo puede darse si uno se libera de todo aquello que le impide ser amor.

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El doble sentido en las relaciones (II)

Según las conclusiones de Esther Parel en su investigación sobre la Inteligencia Erótica, las personas encuentran más atractiva a su pareja cuando:

1. No está. Cuando la pareja está separada surge el miedo y la imaginación que refuerzan el deseo.

2. La ves en su elemento, trabajando o relacionándose con otros. La perspectiva que da la distancia permite ver los valores activos del otro.

3. Hay sorpresa o novedad. Salir de la rutina, jugar juntos, reírse, el misterio, etc. favorece las emociones positivas y con ello el deseo.

Podríamos decir entonces, mirándolo desde el otro lado, que lo que apaga el deseo es:

1. La falta de distancia, de espacio e independencia entre los miembros de la pareja.

2. Estar pendiente de las necesidades de cuidado propias o ajenas.

3. La rutina en la relación.

Hay que añadir dos factores que son decisivos al inicio de una relación, y también para que esta acabe: el efecto halo y el proceso químico del enamoramiento.

El efecto halo se produce en la primera fase de la relación cuando atribuimos a la persona que nos gusta, pero que no conocemos, ciertas virtudes.  La impresión que tenemos, nada más conocer a ese alguien que nos atrae, se traslada a la idealización del hombre / mujer perfecto que buscamos. Asimismo, nosotros adoptamos un rol que busca ajustarse a la persona que el otro desea.

Este juego, que es natural y forma parte del cortejo, finaliza cuando dejamos, con el tiempo, de ser un misterio.

Por otro lado, el amor es un proceso químico. El deseo está en el cerebro en un cóctel de endorfinas (similar a la morfina) y otras sustancias que provocan el “enganche”, y los consiguientes problemas cuando dejan de segregarse.

Amor

Dado que en la unión entre dos personas interviene la química ¿qué hay después de que las hormonas lleguen a su línea mortal, aproximadamente a los tres años?

Una vez que ya no existe el enganche químico, continuar es una decisión racional. En esta segunda fase de la relación, las endorfinas dan paso al amor “real”, con gafas, y la pareja se enfrenta o bien a un desierto que le llevará a separarse, o continuar unidos por cariño o no estar solos o desarrollar un proyecto en común en el que disfrutar y aprender juntos, crear una familia, etc. pueden ser las metas.

En una tercera fase, cuando los miembros de la pareja dejan de sentir esa pasión y el miedo por ser abandonado, se suele bajar la guarda en cumplir el papel de amante perfecto para enamorar al otro y es el día el que marca las pautas, dejando poco tiempo para parar y ver si la dirección es la correcta.

Es aquí cuando se empieza a poner en evidencia que parte de lo que nos enamoró ya no está. Algunos defectos del otro, que al principio eran adorables, se hacen insoportables. Es difícil ver que tu compañero/a era así desde el principio, alguien humano.

La pareja llega inevitablemente a la siguiente decisión ¿salir juntos o separados de la crisis?.

El camino que se tome en este momento ya no estará tan marcado por lo que la relación quiere, sino por lo que dos individuos necesitan.

Si la pareja se separa cada miembro se encontrará ante desafíos que van desde ser independiente económicamente, emocionalmente, generar hábitos diferentes, relacionarse en entornos distintos…A la vez, dirigirse hacia un futuro en solitario que hará sentir miedo por la incertidumbre y el peso del pasado.

Si la relación ha durado muchos años, ser uno es el mayor reto. Pasar del enganche emocional, que te puede arrastrar a malas decisiones con otros “efectos halos”, a ser una persona que puede estar consiga misma y ser feliz.

Esta persona que se va conociendo, solventando los problemas en solitario, que aprende a reconocer sus cualidades y debilidades aceptándolas, y que va construyendo una vida sin prisa…es capaz ahora de reconciliar el amor y el deseo.

Y desde aquí se recuerda que para ser dos es necesario:

1. Ser uno, independiente

2. Reconocer los valores propios y del otro

3. Tener una actitud creativa ante los problemas y el día a día

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección

Antoine de Saint-Exupery

El doble sentido en las relaciones (I)

¿Por qué el sexo desaparece en parejas que aún se quieren? ¿Por qué una buena relación no garantiza buen sexo? Y ¿por qué dejamos de desear lo que tenemos y deseamos lo prohibido?

Así inicia esta charla de 19 minutos llamada “The secret to desire in a long-term relationship”  Esther Parel en TED TV.

Según dice, el ser humano vive una contradicción desde que es un niño entre lo que ama y lo que desea. El amor supone seguridad, equilibrio, confianza, reciprocidad, hogar como dice ella; mientras que el deseo implica aventura, sorpresa, riesgo, incertidumbre, avanzar sin carga.

Cada uno de nosotros hemos aprendido un patrón distinto sobre el amor. Puede que de pequeño estuvieras muy apegado a tu madre/padre y lo que vivieras, en cambio, fuera su ausencia; o que te gustara más estar a tu aire pero tu padre o madre te sobreprotegían y te “pedían” afecto; o puede que vivieras una ambivalencia en el afecto en el que a veces, y sin saber por qué, te sentías querido pero otras te ignoraban y/o peor aún te maltrataban…

En cualquiera de los casos, el niño para su desarrollo afectivo y práctico en la vida necesita sentir tanto que tiene un hogar, como que puede alejarse y explorar el mundo aprendiendo así a enfrentarse a las dificultades por sí mismo.

El hecho de que no hayamos aprendido a balancear el amor y el deseo (la seguridad y la libertad / la confianza y la incertidumbre) nos lleva a vivir conflictos en distintas áreas de nuestra vida que son más evidentes en las relaciones personales.

Hoy en día, la pareja de larga duración está en crisis y aunque cada caso es un mundo, lo cierto, como dice Esther Parel es que vivimos una dicotomía entre lo que queremos y lo que deseamos.

Reflexionando sobre todo esto me ha venido a la mente el libro 50 sombras de Grey. Opiniones aparte, esta novela evidencia, por su número de ventas, que necesitamos el erotismo, lo nuevo y la aventura en nuestra vida y, por otro lado, que nos hagan sentir seguros a través del compromiso. También transmite una idea, descabellada y peligrosa para las -y no tan- adolescentes, que el mundo de las princesas y príncipes existe y nos pueden entregar amor y pasión con la misma intensidad hasta que la muerte nos separe.

Amor y deseo

Sabemos que una relación en el mundo real, al igual que en cualquier trabajo, requiere voluntad, constancia, motivación y mimo.

La pregunta que nos debemos hacer es si esto merece la pena.

Si es así, y queremos apostar por la persona que nos cambió el mundo cuando la conocimos, busca la respuesta a la pregunta que ha hecho a Esther Parel recorrer el mundo ¿Cuándo encuentras a tu pareja más atractiva?.

Las respuestas que ella encontró las puedes ver en su vídeo que es como un buen libro de cabecera. Disfrútalo!