El impacto de los padres en la educación emocional

El etólogo Richard Dawkins afirma en su libro “El gen egoísta” que la existencia humana se debe a la determinación biológica del ADN de perpetuarse. Argumenta en su libro, con multitud de datos, que “somos máquinas creadas por nuestros genes” y que la cualidad egoísta de éstos hará que los seres humanos se comporten como determinan sus genes: egoístamente. Desde este punto de vista, una sociedad basada en el altruismo, en la generosidad y en la cooperación debe ser construida desde principios éticos y morales, porque desde nuestra biología no es posible.

El “amor” es el protagonista de este plan a través de un proceso neurobiológico que garantiza la supervivencia de la especie. Este proceso se produce cuando nos enamoramos, y de forma semejante las mujeres vivirán, durante el embarazo y cuando sean madres, ajustes hormonales, neuroquímicos y de neurotransmisión que ayudarán a que se establezca el apego con el recién nacido. Los lazos que se establecen, durante el primer año sobre todo,  se deberán en gran medida por el aumento de oxitocina y prolactina que están vinculadas a la lactancia, la calma y el bienestar del bebé.

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Prohibido sentir

“Las emociones son un aspecto fundamental de las personas, imprescindibles para comprender a los seres humanos” decía el filósofo Spinoza del S.XVII rescatado por Antonio Damasio en su libro sobre la neurobiología de la emoción “En busca de Spinoza”.

Sin embargo, siguiendo el pensamiento de filósofos anteriores a él, y posteriores, Spinoza no dice nuevo al pensar que las emociones debían estar bajo el dominio de la razón o en caso contrario la persona se sometería a las pasiones.

Daniel Goleman en 1995 rompe con el mito de la supremacía de la razón frente a las emociones al recopilar en su libro Inteligencia Emocional los estudios realizados por psicólogos y neurocientíficos que prueban la importancia de las emociones por su papel determinante en:

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La meta eres tú

 William James, padre de la Psicología Funcional o pragmática, pensaba que nuestros estados mentales se debían a hábitos creados a base de repetición.

Decía que “nos sentimos tristes porque lloramos, enojados porque atacamos, miedo porque temblamos…”, y por tanto, si una persona quería cambiar una emoción sólo tenía que comportarse como quería sentirse. Es decir, si, por ejemplo, te encuentras triste lo que tienes que hacer es sonreír para hacer creer al cerebro que te sientes alegre.

Si esto fuera así ¿podría una persona que tiene un temperamento triste ser una persona alegre simplemente comportándose como si lo fuera? ¿Podemos cambiar nuestras emociones hasta el grado de cambiar nuestro temperamento?.

Jerome Kagan, psicólogo de Harvard, dice que existen cuatro temperamentos en dos dimensiones de la personalidad:

– Tímido o Abierto

– Optimista o Melancólico

Los dos primeros temperamentos tienen que ver con nuestra forma de relacionarnos con las personas, mientras que los dos últimos se refieren a cómo nos adaptamos o interpretamos el mundo.

Ser uno de estos 4 temperamentos viene impreso en nuestro cerebro desde que nacemos. La timidez, por ejemplo, se debe a una predisposición innata a la hiperexcitabilidad de un circuito nervioso centrado en la amígdala.

El temperamento optimista o melancólico viene, por otro lado, determinado por la actividad predominante en uno de los lóbulos prefrontales. Si hay mayor actividad en el lóbulo prefrontal izquierdo, la persona será más optimista; mientras que si es en el derecho la persona será melancólica.

Aunque la vida parezca una lotería y el destino escrito desde el inicio, a través de nuestra herencia genética, padres asignados y país de nacimiento, las investigaciones afirman que será la educación y la experiencia la que hará que seamos quienes somos.

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Uno de cada 3 niños perderá la timidez cuando entre en la guardería. Si no es así, se tendrá hasta los 10 años para aprender habilidades sociales a través de los padres. Si la timidez se resiste, la adolescencia seguramente será la peor etapa de la vida si se quiere formar parte de un grupo y no se sabe cómo encajar. Sin embargo, serán las siguientes pruebas sociales y laborales las que harán que el tímido tenga que salir forzosamente al mundo.

El cerebro nos permitirá durante toda nuestra vida, incluso en la vejez, aprender y cambiar. Sin embargo, superar la barrera biológica requiere un esfuerzo continuo de adulto si de pequeño no nos entrenaron en habilidades fundamentales para la vida como la confianza en uno y en los demás, el dominio de las emociones, ser capaz de calmarse y superar la frustración, la capacidad de motivarse, de comprometerse y de ser sensible a las necesidades de los demás.

Tener éxito, saber comunicarse, vender, tener relaciones sanas, estar alegre, cumplir objetivos, establecer límites, etc. sólo se puede conseguir haciendo de ello una meta y una constante diaria.

Pese a que nuestra condición y las circunstancias pueden servirnos de tapadera para no avanzar, la vida una y otra vez nos pedirá superarnos ya que tenemos el impulso natural de rellenar espacios vacíos.

Aceptarlo libera la carga…

“La disciplina no garantiza el éxito, pero la falta de disciplina garantiza el fracaso”

Desarrollo de la Sombra


La sombra se desarrolla por las PROHIBICIONES a una serie de cosas durante la infancia, como:

Prohibiciones de llegar a ser uno mismo:

Prohibido crecer o cambiar, pensar en uno mismo, atraer la atención sobre sí, ser una mujer o un hombre, estar sano o enfermo, tener tiempo libre, tener originalidades, sentirse amado por sí mismo o estar orgulloso de uno, retirarse aparte para estar solo, etc.

Prohibiciones relativas a las emociones:

Prohibido expresar emociones como el miedo, los celos, la cólera, la ternura, la tristeza, etc. Prohibido incluso pensar en vivir algunas emociones; prohibido ser sensual o querer el placer sexual, sentirse pequeño y vulnerable, etc.

Prohibiciones relativas a los aprendizajes:

Prohibido experimentar, aprender, no saber o sentirse ignorante; prohibido distinguirse de los otros por talentos como el dibujo, la danza, la facilidad de palabra; prohibido ser competente, sentirse incompetente, cometer errores, ser inteligente o  intelectual, triunfar, tener fe, expresar esta fe en público, etc.

Prohibiciones relativas a la intimidad

Prohibido hacer amigos, tener una vida íntima, manifestar el afecto con palabras o gestos, amar a tal o cual raza extranjera, confiar, etc.

Prohibiciones relativas a la autoafirmación

Prohibido pedir o rechazar, expresar la propia opinión, tener proyectos, ser conservador o vanguardista, servirse del propio juicio para discernir qué personas son beneficiosas y cuáles perjudiciales; prohibido estar orgulloso de uno mismo, creerse amable o capaz, etc.

 prohibido