La filosofía del rebaño

Aristóteles escribió “Tengo una piedra en la mano y puedo decidir seguir con la piedra o lanzarla. La elección es mía y mientras yo tenga la piedra en la mano tengo las dos posibilidades”.

El filósofo griego, a través de este ejemplo, define lo que entendemos hoy por libertad:  Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos (RAE).

Según esto, la libertad pertenece al individuo al poder decidir cómo actuar, sin embargo lo que vivimos muchas veces es la sensación de ser prisioneros de  las circunstancias.

La historia muestra que la libertad es algo por lo que hay que luchar para obtener derechos individuales y sociales; también que las personas somos capaces de someternos a sistemas dictatoriales…A un nivel más personal, vemos como la historia refleja la división interna que vivimos las personas al querer, por un lado, ser líderes de nuestra vida y, por otra, renunciar a ello para ser aceptados y queridos.

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Elegir significa renunciar a algo

Hay veces en la vida en la que decidimos qué queremos hacer con ella y otros momentos en los que, sin embargo, la decisión es renunciar a algo. En cualquiera de los casos, renunciar o elegir, estamos determinando nuestros siguientes pasos y lo más seguro es que acabemos siendo nuestras decisiones.

Algo que compartimos todas las personas es que tomamos decisiones continuamente, de las que pocas veces somos conscientes. Decidimos qué ropa ponernos, la importancia o no que le daremos a nuestra imagen personal, el estado de ánimo durante el día, poner límites o no atrevernos,  atender a tareas pendientes o dejar que sigan pendientes, comer sano o saltarnos la dieta, etc.

La suma de nuestras elecciones, o renuncias, van conformando nuestro físico, estado de ánimo y pensamientos. En la mayoría de los casos, el éxito personal o fracaso no se debe a nuestra personalidad ni al entorno, a tener más o menos tiempo, al jefe de turno o a la madre que se tenga… Sino a la “reincidencia” en las mismas decisiones cada día.

Ser tú te ha costado horas y horas de repetición continua. Por poner un ejemplo, lo que un deportista de alto rendimiento es a su disciplina, como Rafa Nadal, somos el resto en hacernos especialistas de nosotros mismos.

Si estamos metidos en la rueda diaria, seguramente será solo en Enero y/o en Septiembre cuando hagamos balance de lo que nos gusta y disgusta de nuestra vida. En estos dos momentos del año la ruptura con la rutina, tras un período lejos del trabajo y más familiar,  nos sentimos más motivados para replantearnos el trabajo, hábitos saludables, aficiones, etc.

Pero una vez fuera de la burbuja entusiasta, de vuelta en la rutina, los buenos propósitos se irán de nuevo difuminando hasta que tengamos la suerte de dar con una crisis que será la manera de “despertarnos”, al menos temporalmente.

En estos momentos, que pueden ser dolorosos o incómodos porque suponen un cambio, tendremos que tomar decisiones de forma consciente, algo que no nos resultará nada fácil porque decidir significa renunciar a algo. Decidir, por ejemplo, trabajar por cuenta ajena o emprender, intentar sanar una relación o renunciar a ella, continuar en el mismo país o irse al extranjero, apostar por un camino desconocido o seguir por el conocido…

Los Oes que nos plantee la vida serán las pruebas que utilice  para definirnos como personas. Como dice Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido “Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y ver que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo”

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