Prohibido sentir

“Las emociones son un aspecto fundamental de las personas, imprescindibles para comprender a los seres humanos” decía el filósofo Spinoza del S.XVII rescatado por Antonio Damasio en su libro sobre la neurobiología de la emoción “En busca de Spinoza”.

Sin embargo, siguiendo el pensamiento de filósofos anteriores a él, y posteriores, Spinoza no dice nuevo al pensar que las emociones debían estar bajo el dominio de la razón o en caso contrario la persona se sometería a las pasiones.

Daniel Goleman en 1995 rompe con el mito de la supremacía de la razón frente a las emociones al recopilar en su libro Inteligencia Emocional los estudios realizados por psicólogos y neurocientíficos que prueban la importancia de las emociones por su papel determinante en:

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Ese incómodo término llamado feminismo

Recientemente Emma Watson, desde su cargo como Embajadora de Buena Voluntad de ONU Mujeres, hizo un llamamiento para que hombres y niños se movilizasen a favor de la igualdad de la mujer en la campaña #HeforShe

Su discurso perfectamente hilado, su presencia, su calidez y un cambio en el planteamiento ha hecho que Emma Watson nos haya “embrujado” (en el mejor de los sentidos) a todos.

Supongo que pocos dudamos que el compromiso que ha asumido va a ser uno de los más importantes de su vida, pero ¿conseguirá el cambio con su campaña?.

Personalmente, creo que es un gran paso pero que en #HeforShe no está la respuesta.

La historia está llena de ejemplos de cómo la privación de derechos, la injusticia, la violencia, etc. ha movilizado a personas para conseguir los derechos y la protección que disfrutamos hoy. En esta historia, los cambios han sido conseguidos por las personas afectadas, por los que viven una gran frustración, sabiendo que el mañana dependía de lo que construyeran HOY.

Muchas mujeres se sienten incómodas, como dice Emma Watson, con el término feminismo. Sin pararnos en las discrepancias, lo que suena excluyente es imposible que una.

Si buscamos una alternativa podríamos hablar de talentos distintos, por ejemplo. El hombre aporta practicidad y la mujer creatividad, entre otros. Unidos, efectivamente, cambiamos el mundo. Sin embargo, ¿tenemos las mujeres una voluntad de estar unidas y ser tenidas en igual consideración que los hombres?

Lamentablemente, algunos comportamientos aún no evidencian que todas las mujeres estemos en el mismo barco. Seguimos sometidos a muchos estereotipos y, en ellos, el mayor enemigo no está fuera.

Las declaraciones de Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, en las que dice que “prefiere contratar a mujeres mayores de 45 años o menores de 25 por el amparo que da la ley a las madres trabajadoras” nos muestra, una vez más, cómo hay personas que ven en la naturaleza de la mujer un cáncer que va contra la productividad y la equidad dentro de la empresa.

Lo criticable no es que esta empresaria hable de una realidad, que es que en algunas empresas se prefiera contratar a hombres que a mujeres que tienen hijos o pueden tenerlos, si no que envíe un mensaje sobre un gran problema con el que está conforme al no proponer alternativas o soluciones.

Otra cosa que nos cuesta entender, a la mayoría, es que una mujer vaya contra las mujeres. Pero Mónica de Oriol es una más, una entre tantas.

Mónicas Orioles hay en todas partes. Te la puedes encontrar en forma de jefa masculizada todopoderosa; o en forma de amiga que critica a las mujeres según su físico y a veces a ti porque no sigues “ciertas normas básicas”; o en forma de compañera de trabajo que despotrica contra las madres de jornada reducida o contra la de enfrente que ha sido ascendida sin causa justificada; o te la puedes encontrar dentro de ti misma,  como tu peor enemigo, que te dice que eres menos que los demás, más fea, más gorda o delgada, poco válida, muy emocional o muy torpe, demasiado ilusa o negativa, y así hasta el infinito.

Hay mujeres que se levantan un día y nos dicen que es posible el cambio, como Emma Watson, y hay otras que salen en los medios para desalentarnos.

Da igual, lo importante hoy es que hay mujeres que un día deciden liberarse de sus demonios  y entonces todo cambia.


feminismo

El doble sentido en las relaciones (II)

Según las conclusiones de Esther Parel en su investigación sobre la Inteligencia Erótica, las personas encuentran más atractiva a su pareja cuando:

1. No está. Cuando la pareja está separada surge el miedo y la imaginación que refuerzan el deseo.

2. La ves en su elemento, trabajando o relacionándose con otros. La perspectiva que da la distancia permite ver los valores activos del otro.

3. Hay sorpresa o novedad. Salir de la rutina, jugar juntos, reírse, el misterio, etc. favorece las emociones positivas y con ello el deseo.

Podríamos decir entonces, mirándolo desde el otro lado, que lo que apaga el deseo es:

1. La falta de distancia, de espacio e independencia entre los miembros de la pareja.

2. Estar pendiente de las necesidades de cuidado propias o ajenas.

3. La rutina en la relación.

Hay que añadir dos factores que son decisivos al inicio de una relación, y también para que esta acabe: el efecto halo y el proceso químico del enamoramiento.

El efecto halo se produce en la primera fase de la relación cuando atribuimos a la persona que nos gusta, pero que no conocemos, ciertas virtudes.  La impresión que tenemos, nada más conocer a ese alguien que nos atrae, se traslada a la idealización del hombre / mujer perfecto que buscamos. Asimismo, nosotros adoptamos un rol que busca ajustarse a la persona que el otro desea.

Este juego, que es natural y forma parte del cortejo, finaliza cuando dejamos, con el tiempo, de ser un misterio.

Por otro lado, el amor es un proceso químico. El deseo está en el cerebro en un cóctel de endorfinas (similar a la morfina) y otras sustancias que provocan el “enganche”, y los consiguientes problemas cuando dejan de segregarse.

Amor

Dado que en la unión entre dos personas interviene la química ¿qué hay después de que las hormonas lleguen a su línea mortal, aproximadamente a los tres años?

Una vez que ya no existe el enganche químico, continuar es una decisión racional. En esta segunda fase de la relación, las endorfinas dan paso al amor “real”, con gafas, y la pareja se enfrenta o bien a un desierto que le llevará a separarse, o continuar unidos por cariño o no estar solos o desarrollar un proyecto en común en el que disfrutar y aprender juntos, crear una familia, etc. pueden ser las metas.

En una tercera fase, cuando los miembros de la pareja dejan de sentir esa pasión y el miedo por ser abandonado, se suele bajar la guarda en cumplir el papel de amante perfecto para enamorar al otro y es el día el que marca las pautas, dejando poco tiempo para parar y ver si la dirección es la correcta.

Es aquí cuando se empieza a poner en evidencia que parte de lo que nos enamoró ya no está. Algunos defectos del otro, que al principio eran adorables, se hacen insoportables. Es difícil ver que tu compañero/a era así desde el principio, alguien humano.

La pareja llega inevitablemente a la siguiente decisión ¿salir juntos o separados de la crisis?.

El camino que se tome en este momento ya no estará tan marcado por lo que la relación quiere, sino por lo que dos individuos necesitan.

Si la pareja se separa cada miembro se encontrará ante desafíos que van desde ser independiente económicamente, emocionalmente, generar hábitos diferentes, relacionarse en entornos distintos…A la vez, dirigirse hacia un futuro en solitario que hará sentir miedo por la incertidumbre y el peso del pasado.

Si la relación ha durado muchos años, ser uno es el mayor reto. Pasar del enganche emocional, que te puede arrastrar a malas decisiones con otros “efectos halos”, a ser una persona que puede estar consiga misma y ser feliz.

Esta persona que se va conociendo, solventando los problemas en solitario, que aprende a reconocer sus cualidades y debilidades aceptándolas, y que va construyendo una vida sin prisa…es capaz ahora de reconciliar el amor y el deseo.

Y desde aquí se recuerda que para ser dos es necesario:

1. Ser uno, independiente

2. Reconocer los valores propios y del otro

3. Tener una actitud creativa ante los problemas y el día a día

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección

Antoine de Saint-Exupery