Elegir significa renunciar a algo

Hay veces en la vida en la que decidimos qué queremos hacer con ella y otros momentos en los que, sin embargo, la decisión es renunciar a algo. En cualquiera de los casos, renunciar o elegir, estamos determinando nuestros siguientes pasos y lo más seguro es que acabemos siendo nuestras decisiones.

Algo que compartimos todas las personas es que tomamos decisiones continuamente, de las que pocas veces somos conscientes. Decidimos qué ropa ponernos, la importancia o no que le daremos a nuestra imagen personal, el estado de ánimo durante el día, poner límites o no atrevernos,  atender a tareas pendientes o dejar que sigan pendientes, comer sano o saltarnos la dieta, etc.

La suma de nuestras elecciones, o renuncias, van conformando nuestro físico, estado de ánimo y pensamientos. En la mayoría de los casos, el éxito personal o fracaso no se debe a nuestra personalidad ni al entorno, a tener más o menos tiempo, al jefe de turno o a la madre que se tenga… Sino a la “reincidencia” en las mismas decisiones cada día.

Ser tú te ha costado horas y horas de repetición continua. Por poner un ejemplo, lo que un deportista de alto rendimiento es a su disciplina, como Rafa Nadal, somos el resto en hacernos especialistas de nosotros mismos.

Si estamos metidos en la rueda diaria, seguramente será solo en Enero y/o en Septiembre cuando hagamos balance de lo que nos gusta y disgusta de nuestra vida. En estos dos momentos del año la ruptura con la rutina, tras un período lejos del trabajo y más familiar,  nos sentimos más motivados para replantearnos el trabajo, hábitos saludables, aficiones, etc.

Pero una vez fuera de la burbuja entusiasta, de vuelta en la rutina, los buenos propósitos se irán de nuevo difuminando hasta que tengamos la suerte de dar con una crisis que será la manera de “despertarnos”, al menos temporalmente.

En estos momentos, que pueden ser dolorosos o incómodos porque suponen un cambio, tendremos que tomar decisiones de forma consciente, algo que no nos resultará nada fácil porque decidir significa renunciar a algo. Decidir, por ejemplo, trabajar por cuenta ajena o emprender, intentar sanar una relación o renunciar a ella, continuar en el mismo país o irse al extranjero, apostar por un camino desconocido o seguir por el conocido…

Los Oes que nos plantee la vida serán las pruebas que utilice  para definirnos como personas. Como dice Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido “Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y ver que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo”

Elegir

Anuncios

El doble sentido en las relaciones (II)

Según las conclusiones de Esther Parel en su investigación sobre la Inteligencia Erótica, las personas encuentran más atractiva a su pareja cuando:

1. No está. Cuando la pareja está separada surge el miedo y la imaginación que refuerzan el deseo.

2. La ves en su elemento, trabajando o relacionándose con otros. La perspectiva que da la distancia permite ver los valores activos del otro.

3. Hay sorpresa o novedad. Salir de la rutina, jugar juntos, reírse, el misterio, etc. favorece las emociones positivas y con ello el deseo.

Podríamos decir entonces, mirándolo desde el otro lado, que lo que apaga el deseo es:

1. La falta de distancia, de espacio e independencia entre los miembros de la pareja.

2. Estar pendiente de las necesidades de cuidado propias o ajenas.

3. La rutina en la relación.

Hay que añadir dos factores que son decisivos al inicio de una relación, y también para que esta acabe: el efecto halo y el proceso químico del enamoramiento.

El efecto halo se produce en la primera fase de la relación cuando atribuimos a la persona que nos gusta, pero que no conocemos, ciertas virtudes.  La impresión que tenemos, nada más conocer a ese alguien que nos atrae, se traslada a la idealización del hombre / mujer perfecto que buscamos. Asimismo, nosotros adoptamos un rol que busca ajustarse a la persona que el otro desea.

Este juego, que es natural y forma parte del cortejo, finaliza cuando dejamos, con el tiempo, de ser un misterio.

Por otro lado, el amor es un proceso químico. El deseo está en el cerebro en un cóctel de endorfinas (similar a la morfina) y otras sustancias que provocan el “enganche”, y los consiguientes problemas cuando dejan de segregarse.

Amor

Dado que en la unión entre dos personas interviene la química ¿qué hay después de que las hormonas lleguen a su línea mortal, aproximadamente a los tres años?

Una vez que ya no existe el enganche químico, continuar es una decisión racional. En esta segunda fase de la relación, las endorfinas dan paso al amor “real”, con gafas, y la pareja se enfrenta o bien a un desierto que le llevará a separarse, o continuar unidos por cariño o no estar solos o desarrollar un proyecto en común en el que disfrutar y aprender juntos, crear una familia, etc. pueden ser las metas.

En una tercera fase, cuando los miembros de la pareja dejan de sentir esa pasión y el miedo por ser abandonado, se suele bajar la guarda en cumplir el papel de amante perfecto para enamorar al otro y es el día el que marca las pautas, dejando poco tiempo para parar y ver si la dirección es la correcta.

Es aquí cuando se empieza a poner en evidencia que parte de lo que nos enamoró ya no está. Algunos defectos del otro, que al principio eran adorables, se hacen insoportables. Es difícil ver que tu compañero/a era así desde el principio, alguien humano.

La pareja llega inevitablemente a la siguiente decisión ¿salir juntos o separados de la crisis?.

El camino que se tome en este momento ya no estará tan marcado por lo que la relación quiere, sino por lo que dos individuos necesitan.

Si la pareja se separa cada miembro se encontrará ante desafíos que van desde ser independiente económicamente, emocionalmente, generar hábitos diferentes, relacionarse en entornos distintos…A la vez, dirigirse hacia un futuro en solitario que hará sentir miedo por la incertidumbre y el peso del pasado.

Si la relación ha durado muchos años, ser uno es el mayor reto. Pasar del enganche emocional, que te puede arrastrar a malas decisiones con otros “efectos halos”, a ser una persona que puede estar consiga misma y ser feliz.

Esta persona que se va conociendo, solventando los problemas en solitario, que aprende a reconocer sus cualidades y debilidades aceptándolas, y que va construyendo una vida sin prisa…es capaz ahora de reconciliar el amor y el deseo.

Y desde aquí se recuerda que para ser dos es necesario:

1. Ser uno, independiente

2. Reconocer los valores propios y del otro

3. Tener una actitud creativa ante los problemas y el día a día

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección

Antoine de Saint-Exupery