Las normas están cambiando

Las normas están cambiando.

Esa es la sensación que tenemos, casi todos, desde que en el 2008 una ola llamada crisis se llevara por delante un mundo conocido y nos encontrásemos de bruces con un gigante aterrador llamado cambio.

El libro milenario chino llamado I Ching, o Libro de los Cambios, nos diría que el cambio es la única realidad que existe y según la forma que adopte guiará al hombre hacia el aprendizaje que debe realizar. Puede que una situación requiera ponerse en movimiento o tal vez parar y observar, o que tengamos que ser más creativos, o romper con el pasado, etc. Las referencias continuas en este oráculo a los opuestos (yin-yang, hombre-mujer, cielo-tierra, etc.) se debe a la creencia taoísta de que las fuerzas opuestas son complementarias y necesarias para el equilibrio. Sigue leyendo

Anuncios

El impacto de los padres en la educación emocional

El etólogo Richard Dawkins afirma en su libro “El gen egoísta” que la existencia humana se debe a la determinación biológica del ADN de perpetuarse. Argumenta en su libro, con multitud de datos, que “somos máquinas creadas por nuestros genes” y que la cualidad egoísta de éstos hará que los seres humanos se comporten como determinan sus genes: egoístamente. Desde este punto de vista, una sociedad basada en el altruismo, en la generosidad y en la cooperación debe ser construida desde principios éticos y morales, porque desde nuestra biología no es posible.

El “amor” es el protagonista de este plan a través de un proceso neurobiológico que garantiza la supervivencia de la especie. Este proceso se produce cuando nos enamoramos, y de forma semejante las mujeres vivirán, durante el embarazo y cuando sean madres, ajustes hormonales, neuroquímicos y de neurotransmisión que ayudarán a que se establezca el apego con el recién nacido. Los lazos que se establecen, durante el primer año sobre todo,  se deberán en gran medida por el aumento de oxitocina y prolactina que están vinculadas a la lactancia, la calma y el bienestar del bebé.

Sigue leyendo

Prohibido sentir

“Las emociones son un aspecto fundamental de las personas, imprescindibles para comprender a los seres humanos” decía el filósofo Spinoza del S.XVII rescatado por Antonio Damasio en su libro sobre la neurobiología de la emoción “En busca de Spinoza”.

Sin embargo, siguiendo el pensamiento de filósofos anteriores a él, y posteriores, Spinoza no dice nuevo al pensar que las emociones debían estar bajo el dominio de la razón o en caso contrario la persona se sometería a las pasiones.

Daniel Goleman en 1995 rompe con el mito de la supremacía de la razón frente a las emociones al recopilar en su libro Inteligencia Emocional los estudios realizados por psicólogos y neurocientíficos que prueban la importancia de las emociones por su papel determinante en:

Sigue leyendo

La filosofía del rebaño

Aristóteles escribió “Tengo una piedra en la mano y puedo decidir seguir con la piedra o lanzarla. La elección es mía y mientras yo tenga la piedra en la mano tengo las dos posibilidades”.

El filósofo griego, a través de este ejemplo, define lo que entendemos hoy por libertad:  Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos (RAE).

Según esto, la libertad pertenece al individuo al poder decidir cómo actuar, sin embargo lo que vivimos muchas veces es la sensación de ser prisioneros de  las circunstancias.

La historia muestra que la libertad es algo por lo que hay que luchar para obtener derechos individuales y sociales; también que las personas somos capaces de someternos a sistemas dictatoriales…A un nivel más personal, vemos como la historia refleja la división interna que vivimos las personas al querer, por un lado, ser líderes de nuestra vida y, por otra, renunciar a ello para ser aceptados y queridos.

Sigue leyendo

Elegir significa renunciar a algo

Hay veces en la vida en la que decidimos qué queremos hacer con ella y otros momentos en los que, sin embargo, la decisión es renunciar a algo. En cualquiera de los casos, renunciar o elegir, estamos determinando nuestros siguientes pasos y lo más seguro es que acabemos siendo nuestras decisiones.

Algo que compartimos todas las personas es que tomamos decisiones continuamente, de las que pocas veces somos conscientes. Decidimos qué ropa ponernos, la importancia o no que le daremos a nuestra imagen personal, el estado de ánimo durante el día, poner límites o no atrevernos,  atender a tareas pendientes o dejar que sigan pendientes, comer sano o saltarnos la dieta, etc.

La suma de nuestras elecciones, o renuncias, van conformando nuestro físico, estado de ánimo y pensamientos. En la mayoría de los casos, el éxito personal o fracaso no se debe a nuestra personalidad ni al entorno, a tener más o menos tiempo, al jefe de turno o a la madre que se tenga… Sino a la “reincidencia” en las mismas decisiones cada día.

Ser tú te ha costado horas y horas de repetición continua. Por poner un ejemplo, lo que un deportista de alto rendimiento es a su disciplina, como Rafa Nadal, somos el resto en hacernos especialistas de nosotros mismos.

Si estamos metidos en la rueda diaria, seguramente será solo en Enero y/o en Septiembre cuando hagamos balance de lo que nos gusta y disgusta de nuestra vida. En estos dos momentos del año la ruptura con la rutina, tras un período lejos del trabajo y más familiar,  nos sentimos más motivados para replantearnos el trabajo, hábitos saludables, aficiones, etc.

Pero una vez fuera de la burbuja entusiasta, de vuelta en la rutina, los buenos propósitos se irán de nuevo difuminando hasta que tengamos la suerte de dar con una crisis que será la manera de “despertarnos”, al menos temporalmente.

En estos momentos, que pueden ser dolorosos o incómodos porque suponen un cambio, tendremos que tomar decisiones de forma consciente, algo que no nos resultará nada fácil porque decidir significa renunciar a algo. Decidir, por ejemplo, trabajar por cuenta ajena o emprender, intentar sanar una relación o renunciar a ella, continuar en el mismo país o irse al extranjero, apostar por un camino desconocido o seguir por el conocido…

Los Oes que nos plantee la vida serán las pruebas que utilice  para definirnos como personas. Como dice Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido “Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y ver que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo”

Elegir

La meta eres tú

 William James, padre de la Psicología Funcional o pragmática, pensaba que nuestros estados mentales se debían a hábitos creados a base de repetición.

Decía que “nos sentimos tristes porque lloramos, enojados porque atacamos, miedo porque temblamos…”, y por tanto, si una persona quería cambiar una emoción sólo tenía que comportarse como quería sentirse. Es decir, si, por ejemplo, te encuentras triste lo que tienes que hacer es sonreír para hacer creer al cerebro que te sientes alegre.

Si esto fuera así ¿podría una persona que tiene un temperamento triste ser una persona alegre simplemente comportándose como si lo fuera? ¿Podemos cambiar nuestras emociones hasta el grado de cambiar nuestro temperamento?.

Jerome Kagan, psicólogo de Harvard, dice que existen cuatro temperamentos en dos dimensiones de la personalidad:

– Tímido o Abierto

– Optimista o Melancólico

Los dos primeros temperamentos tienen que ver con nuestra forma de relacionarnos con las personas, mientras que los dos últimos se refieren a cómo nos adaptamos o interpretamos el mundo.

Ser uno de estos 4 temperamentos viene impreso en nuestro cerebro desde que nacemos. La timidez, por ejemplo, se debe a una predisposición innata a la hiperexcitabilidad de un circuito nervioso centrado en la amígdala.

El temperamento optimista o melancólico viene, por otro lado, determinado por la actividad predominante en uno de los lóbulos prefrontales. Si hay mayor actividad en el lóbulo prefrontal izquierdo, la persona será más optimista; mientras que si es en el derecho la persona será melancólica.

Aunque la vida parezca una lotería y el destino escrito desde el inicio, a través de nuestra herencia genética, padres asignados y país de nacimiento, las investigaciones afirman que será la educación y la experiencia la que hará que seamos quienes somos.

cropped-cropped-1083650131.jpg

Uno de cada 3 niños perderá la timidez cuando entre en la guardería. Si no es así, se tendrá hasta los 10 años para aprender habilidades sociales a través de los padres. Si la timidez se resiste, la adolescencia seguramente será la peor etapa de la vida si se quiere formar parte de un grupo y no se sabe cómo encajar. Sin embargo, serán las siguientes pruebas sociales y laborales las que harán que el tímido tenga que salir forzosamente al mundo.

El cerebro nos permitirá durante toda nuestra vida, incluso en la vejez, aprender y cambiar. Sin embargo, superar la barrera biológica requiere un esfuerzo continuo de adulto si de pequeño no nos entrenaron en habilidades fundamentales para la vida como la confianza en uno y en los demás, el dominio de las emociones, ser capaz de calmarse y superar la frustración, la capacidad de motivarse, de comprometerse y de ser sensible a las necesidades de los demás.

Tener éxito, saber comunicarse, vender, tener relaciones sanas, estar alegre, cumplir objetivos, establecer límites, etc. sólo se puede conseguir haciendo de ello una meta y una constante diaria.

Pese a que nuestra condición y las circunstancias pueden servirnos de tapadera para no avanzar, la vida una y otra vez nos pedirá superarnos ya que tenemos el impulso natural de rellenar espacios vacíos.

Aceptarlo libera la carga…

“La disciplina no garantiza el éxito, pero la falta de disciplina garantiza el fracaso”