Las normas están cambiando

Las normas están cambiando.

Esa es la sensación que tenemos, casi todos, desde que en el 2008 una ola llamada crisis se llevara por delante un mundo conocido y nos encontrásemos de bruces con un gigante aterrador llamado cambio.

El libro milenario chino llamado I Ching, o Libro de los Cambios, nos diría que el cambio es la única realidad que existe y según la forma que adopte guiará al hombre hacia el aprendizaje que debe realizar. Puede que una situación requiera ponerse en movimiento o tal vez parar y observar, o que tengamos que ser más creativos, o romper con el pasado, etc. Las referencias continuas en este oráculo a los opuestos (yin-yang, hombre-mujer, cielo-tierra, etc.) se debe a la creencia taoísta de que las fuerzas opuestas son complementarias y necesarias para el equilibrio. Sigue leyendo

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Prohibido sentir

“Las emociones son un aspecto fundamental de las personas, imprescindibles para comprender a los seres humanos” decía el filósofo Spinoza del S.XVII rescatado por Antonio Damasio en su libro sobre la neurobiología de la emoción “En busca de Spinoza”.

Sin embargo, siguiendo el pensamiento de filósofos anteriores a él, y posteriores, Spinoza no dice nuevo al pensar que las emociones debían estar bajo el dominio de la razón o en caso contrario la persona se sometería a las pasiones.

Daniel Goleman en 1995 rompe con el mito de la supremacía de la razón frente a las emociones al recopilar en su libro Inteligencia Emocional los estudios realizados por psicólogos y neurocientíficos que prueban la importancia de las emociones por su papel determinante en:

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La meta eres tú

 William James, padre de la Psicología Funcional o pragmática, pensaba que nuestros estados mentales se debían a hábitos creados a base de repetición.

Decía que “nos sentimos tristes porque lloramos, enojados porque atacamos, miedo porque temblamos…”, y por tanto, si una persona quería cambiar una emoción sólo tenía que comportarse como quería sentirse. Es decir, si, por ejemplo, te encuentras triste lo que tienes que hacer es sonreír para hacer creer al cerebro que te sientes alegre.

Si esto fuera así ¿podría una persona que tiene un temperamento triste ser una persona alegre simplemente comportándose como si lo fuera? ¿Podemos cambiar nuestras emociones hasta el grado de cambiar nuestro temperamento?.

Jerome Kagan, psicólogo de Harvard, dice que existen cuatro temperamentos en dos dimensiones de la personalidad:

– Tímido o Abierto

– Optimista o Melancólico

Los dos primeros temperamentos tienen que ver con nuestra forma de relacionarnos con las personas, mientras que los dos últimos se refieren a cómo nos adaptamos o interpretamos el mundo.

Ser uno de estos 4 temperamentos viene impreso en nuestro cerebro desde que nacemos. La timidez, por ejemplo, se debe a una predisposición innata a la hiperexcitabilidad de un circuito nervioso centrado en la amígdala.

El temperamento optimista o melancólico viene, por otro lado, determinado por la actividad predominante en uno de los lóbulos prefrontales. Si hay mayor actividad en el lóbulo prefrontal izquierdo, la persona será más optimista; mientras que si es en el derecho la persona será melancólica.

Aunque la vida parezca una lotería y el destino escrito desde el inicio, a través de nuestra herencia genética, padres asignados y país de nacimiento, las investigaciones afirman que será la educación y la experiencia la que hará que seamos quienes somos.

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Uno de cada 3 niños perderá la timidez cuando entre en la guardería. Si no es así, se tendrá hasta los 10 años para aprender habilidades sociales a través de los padres. Si la timidez se resiste, la adolescencia seguramente será la peor etapa de la vida si se quiere formar parte de un grupo y no se sabe cómo encajar. Sin embargo, serán las siguientes pruebas sociales y laborales las que harán que el tímido tenga que salir forzosamente al mundo.

El cerebro nos permitirá durante toda nuestra vida, incluso en la vejez, aprender y cambiar. Sin embargo, superar la barrera biológica requiere un esfuerzo continuo de adulto si de pequeño no nos entrenaron en habilidades fundamentales para la vida como la confianza en uno y en los demás, el dominio de las emociones, ser capaz de calmarse y superar la frustración, la capacidad de motivarse, de comprometerse y de ser sensible a las necesidades de los demás.

Tener éxito, saber comunicarse, vender, tener relaciones sanas, estar alegre, cumplir objetivos, establecer límites, etc. sólo se puede conseguir haciendo de ello una meta y una constante diaria.

Pese a que nuestra condición y las circunstancias pueden servirnos de tapadera para no avanzar, la vida una y otra vez nos pedirá superarnos ya que tenemos el impulso natural de rellenar espacios vacíos.

Aceptarlo libera la carga…

“La disciplina no garantiza el éxito, pero la falta de disciplina garantiza el fracaso”