Construir un hogar

Un hogar es más que la suma de los elementos materiales que lo componen: es un almacén de recuerdos, un archivo, un guardián de todo lo que ha sucedido dentro de sus límites. Este castillo pertenece a mi familia. Kate Morton

Subí las escaleras hasta el tercer piso, me aproximé a la puerta y me imaginé que ella me abría. Se echaba a un lado y cogía mi abrigo. Yo nerviosa miraba hacia dentro buscando la luz, y me dejaba guiar hacia la habitación del fondo a la derecha.

Me ayudaba a recostarme en la camilla, me ponía una manta y con mucha delicadeza cogía mis manos. Yo cerraba los ojos y me centraba en relajar mi respiración a medida que ella me hablaba. Sentía sus manos pequeñas, algo frías y a la vez ese calor que transmitían algo especial.

He recreado esa imagen una y otra vez en las últimas semanas y ahora cuando abro la puerta pienso que Joaquina me espera en algún rincón de Miguel Ángel.

El refugio de mi madre era su consulta, y desde hace más de 25 años he vivido allí distintas etapas como mi primera experiencia laboral antes de empezar el instituto,  mis dudas de adolescencia y de elección de futuro profesional, mi primera crisis a los 24 años, distintos momentos en los que he necesitado su ayuda, mi reencuentro profesional con ella y mi embarazo.

Con su marcha, vivimos Miguel Ángel con mucho dolor y quedó abandonado durante este tiempo.

Pero los lugares nunca te dejan.

El que fue el hogar de una persona permanece para siempre a través de los recuerdos y de la necesidad vital de la familia de recuperar momentos pasados y dar paso a nuevos.

Cuando Instituto Hune parecía abocado a su disolución, los dos cursos que estaban en marcha requerían un lugar donde las personas que habían confiado en su empresa se sintieran  acogidos.

Montalbán, que durante casi 10 años ha sido la sede de Instituto Hune, tenía que dar paso a un nuevo lugar más pequeño, accesible, cercano a nosotros y a la vez a la gente.

El viernes pasado subí las escaleras y abrí la puerta. Me encontré con dos alumnas en el recibidor, al poco llamaron al timbre y fueron llegando más personas.

La casa habitada de nuevo, cálida, bella.

Cuando voy con Noa a Miguel Ángel, a la espera de saber cómo reubicarnos las dos en esta nueva situación, me siento agradecida. Ella ya no me abre la puerta, pero en cada rincón de esa casa hay algo bello que me recuerda lo especial que era mi madre.  Noa, mi familia, Paloma, las personas que quieren que Instituto Hune continúe, nos acompañan para que este lugar vuelva a ser un hogar.

Gracias por la confianza y el esfuerzo de estos días.

Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa. Proverbio chino
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