Deja de soñar

¿Cuál es tu sueño? 

Hace 5 años me hicieron esta pregunta en un curso de Coaching. No supe responder y a día de hoy no sabría decir cuál es mi sueño.

Tal vez es que tengo muchos sueños. Me gustaría leerme todos los libros del mundo, ser capaz de comunicarme telepáticamente con las personas, tener una librería-papelería con todo lo que puede necesitar un niño y adulto con pretensiones de creativo, crear una aplicación revolucionaria…

Tengo sueños de todo tipo. Todos ellos me hacen sonreír. Nunca los había juzgado ni ordenado según su nivel de “realidad” hasta ese día. Pensaba que “los sueños, sueños son”.

Durante los años siguientes sufrí el Síndrome del Soñador. Este síndrome se caracteriza por visualizar el futuro, dibujarlo, invocarlo, trazar líneas temporales, definirlo, trocearlo, volver a invocarlo, trabajar en él y así sucesivas veces.

El brote del síndrome suele provocarlo alguien que lo sufre igualmente, y que trabaja contigo para alcanzar tu sueño.

Las veces que agarré con una cuerda mi supuesto sueño, sufrí una serie de sensaciones como asfixia, angustia, sudores, escalofríos, temblores, etc. A la vez, provocaba situaciones que saboteaban cualquier paso hacia mi sueño, como involucrarme en construir los sueños de los demás.

Entendí hace poco más de un año, gracias a la charla de mi mentora en la vida real, que las personas que sueñan olvidan comprometerse con su realidad. Esa realidad que te levanta a las 7:30 de la mañana y con la que te acuestas por la noche más o menos contento.

Sin embargo, las personas necesitamos que nos vendan sueños, que nos hagan creer en lo imposible para recorrer un camino hacia algún lugar. Queremos pensar que las cosas no suponen un gran esfuerzo, que las personas con éxito lo han alcanzado rápidamente. 

Es en el momento en el que te sientes capaz para mirar la realidad, cuando a tu sueño lo llamas Plan de Empresa y eres capaz de rellenar un excel con los datos económicos que confirmen, o no, si tu proyecto es viable. Si cumples los parámetros idóneos de sostenibilidad económica puedes empezar a poner los primeros ladrillos.

Ese día reconoces el esfuerzo de tus padres, el que realiza cada emprendedor para salir adelante, a los jefes que has tenido que te machacaban con los resultados y a cada inmigrante que deja todo para construir el futuro de su familia.

Ese día quieres que la gente deje de soñar y se convierta en constructora. Es mucho menos atractivo, pero te da más que cualquier fantasía: la recompensa de poner a prueba tu confianza.

 ¿Qué opinas tú? ¿Te atreves a soñar?

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