Prohibido sentir

“Las emociones son un aspecto fundamental de las personas, imprescindibles para comprender a los seres humanos” decía el filósofo Spinoza del S.XVII rescatado por Antonio Damasio en su libro sobre la neurobiología de la emoción “En busca de Spinoza”.

Sin embargo, siguiendo el pensamiento de filósofos anteriores a él, y posteriores, Spinoza no dice nuevo al pensar que las emociones debían estar bajo el dominio de la razón o en caso contrario la persona se sometería a las pasiones.

Daniel Goleman en 1995 rompe con el mito de la supremacía de la razón frente a las emociones al recopilar en su libro Inteligencia Emocional los estudios realizados por psicólogos y neurocientíficos que prueban la importancia de las emociones por su papel determinante en:

  • La acción: las emociones regulan el funcionamiento mental, organizan tanto el pensamiento como la acción. Cada emoción establece una meta concreta. El miedo, por ejemplo, tiene como meta huir y prepara para escapar; la tristeza tiene como meta reflexionar o buscar ayuda; la ira busca que la persona ponga límites, etc.
  • La adaptación: Las emociones son un sistema biológicamente muy antiguo destinado a mejorar la supervivencia. Las emociones intervienen en funciones que están relacionadas con la supervivencia como la atención, la memoria, la toma de decisiones, el movimiento, la motivación, descifrar las intenciones de los demás, etc.
  • El pensamiento: Las emociones pueden mejorar o empeorar el razonamiento y la toma de decisiones. Según Antonio Damasio, las personas con daño en el cerebro emocional pueden tener un pensamiento racional pero son incapaces de poder decidir, no pueden discriminar entre lo que es más o menos importante. Las emociones nos ayudan a solucionar los problemas y a ser más eficaces en nuestras respuestas.
  • La memoria: El cerebro emocional facilita poder registrar los hechos y los significados emocionales del contexto. Esto es fundamental para el aprendizaje basado en la experiencia ya que comparamos entre situaciones presentes con pasadas.
  • La motivación: Las emociones son un fin en sí mismo porque motivan para la acción y además establecen una comparativa entre el estado actual de la persona con el estado óptimo en el que podría estar (de ahí la búsqueda de la felicidad).
  • La comunicación: Las emociones nos indican como estamos frente a las cosas. Nos hacen darnos cuenta si estamos actuando de acuerdo al contexto, si vamos en la dirección adecuada, si somos aceptados o reconocidos, si estamos siendo coherentes con nuestros valores, etc. Además, las emociones informan a otros sobre nuestras intenciones. Las emociones se comunican sin palabras.

Sin embargo, a punto de cumplirse 30 años de este libro, seguimos siendo, la mayoría, unos analfabetos emocionales.  Más allá de las razones históricas, socioculturales y filosóficas, las personas tememos aquello que no podemos controlar, ver, manejar para obtener resultados esperados…Las emociones no están sujetas a ninguna ecuación y por ello son impredecibles.

El “obligado” cambio en el mundo por la crisis, sin embargo, nos ha acercado a este tema que nos toca a todos. La crisis global ha provocado que las personas se reinventen profesionalmente, humanamente, siendo más creativas para ser más competitivas, y con ello entendemos que para crecer debemos ir a favor del cambio, en vez de resistirnos a él.

La innovación se introduce así en nuestras vidas y nos lleva a aproximarnos al poder de las emociones, a veces de forma sutil y otras directamente como la incorporación de la Educación Emocional en los colegios, que facilitará que los niños puedan ser conscientes de lo que sienten, regular sus emociones, motivarse para conseguir sus objetivos, ser empáticos y líderes cuando sean más mayores.emociones

La siguiente revolución, de verdad innovadora, llegará cuando las personas no prohibamos las emociones que nos resultan desagradables y nos demos cuenta que el propósito real que tienen es que podamos SER asertivos (haciendo caso a la ira), reflexivos (por la tristeza), sentirnos seguros (respondiendo al miedo), generosos (por el amor), y sentirnos plenos (por la alegría).

En definitiva, humanos…que es la esencia real de este juego.

Cuando éramos niños, pensábamos que cuando fuéramos mayores ya no seríamos vulnerables. Pero crecer es aceptar la vulnerabilidad. Estar vivo es ser vulnerable.

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